El cuento del lobo del S.XXI está en Los Monegros

¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo! gritaba una y otra vez para divertirse el pastorcillo Pedro en el cuento de Esopo, hasta que al final vino de verdad y mató a todas sus ovejas. En los Monegros, por el contrario, llevan tiempo avisando de que ya está aquí, está haciendo mucho daño y que cuando se quiera dar solución ya será tarde.

Fue en marzo de 2017 cuando empezó a cundir el pánico entre los ganaderos de Los Monegros, y es que el lobo, uno de los grandes enemigos de la ganadería extensiva, había llegado a tierras monegrinas.

Los últimos avistamientos oficiales de lobos en Aragón se remontaban a 1999 y 2001 en Huesca y Teruel. Desde entonces los ganaderos aragoneses estaban tranquilos al respecto, pero sabían que el lobo podría volver ya que era habitual verlo en provincias limítrofes, como Soria, Guadalajara y La Rioja en el oeste y los Pirineos de Lérida en el este, siendo lo más probable que proceda de esta zona.

 

Los Monegros no son tierra de lobos

Sin embargo, “en los Monegros nunca había estado el lobo. Solo es un ejemplar, que ni siquiera es de raza española, sino italiana, pero aquí nunca ha habido lobos”. Nos indica Miguel Solanas, ganadero de Farlete, en la comarca de Los Monegros (Zaragoza).

Los lobos italianos se han repartido por buena parte de Europa, llegando incluso a Bélgica y Alemania. El lobo de Farlete, según indica la DGA, ha entrado a Aragón desde Cataluña, donde entró desde Francia.

La presencia del lobo les ha cambiado la vida a los ganaderos monegrinos, y es que ahora ya no pueden dejar a las ovejas valladas en los campos, ya que “las vallas que recomienda la DGA no sirven, las salta”. Por lo tanto, Miguel tiene que estar pendiente todo el día de ellas: “antes iba con el pastor eléctrico a donde quería y ahora ya no puedo. Podía dejar a las ovejas solas y ahora hay que estar todo el día pendiente. Nuestra calidad de vida ha disminuido mucho”.

Ovejas muertas lobo Monegros

Miguel por el momento ha tenido suerte ya que “a mi nunca me ha atacado, y eso que tengo el ganado en la zona donde si lo ha hecho, pero me protejo con vallas dobles y metiendo a las ovejas al corral”, con el gran esfuerzo diario que ello supone, incluso en días festivos.

En los Monegros, una zona desértica que nunca ha sido de lobos, es difícil imaginar qué es lo que puede comer, lo que nos explica directamente el porqué de los ataques a los ganados. “Dicen que comerá alguna cría joven de jabalí, de corzo, aunque no hay muchos, algún conejo y también dicen que puede comer de los contenedores donde se vierten los animales muertos”.

La presencia del lobo también tiene un impacto medioambiental, ya que algunas zonas más alejadas o en las que no es posible proteger al ganado se dejan de pastorear. “El primer año dejé de ir a algunas zonas, después arreglé por mi cuenta unos corrales para poder tener a las ovejas protegidas. Si alguna zona no tiene posibilidades de corrales, no voy”.

Oveja muerta lobo Monegros

Por donde no pasan las ovejas, lógicamente, no reparten semillas, no se fertiliza el terreno de forma natural y se pierde la biodiversidad (flora y fauna).

 

Una casa con gran tradición ganadera

En casa de Miguel ha habido ovejas desde siempre. Actualmente tiene un ganado de unas 2.800 ovejas de raza Rasa Aragonesa que ha ido construyendo con su hermana Pilar y su padre Miguel.

También da trabajo a otras dos personas, dos pastores que también viven con sus familias en Farlete, pueblo de algo más de 400 habitantes, lo que demuestra que la ganadería ayuda a fijar la población en el medio rural.

Además de las ovejas y los perros pastores, cuenta con 14 chotos y 9 burros, que le ayudan en la vigilancia y conducción del rebaño.

Miguel Solanas Lobo Monegros

Por todo ello, en la edición de este año de la feria Expoforga, se le entregó el primer áccesit en los XI premios a la Biodiversidad de Oviaragón-Grupo Pastores, que destacan el papel medioambiental que la ganadería extensiva tiene en el medio rural y su contribución al equilibrio natural y la biodiversidad.

Un papel medioambiental que peligra por la presencia del lobo.

Y es que, en Los Monegros, el “cuento” de ¡que viene el lobo! siempre ha sido de verdad.

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