Vocación, tesón y sacrificio

Simplemente, es algo que ha amado toda su vida. Su oficio implica jornadas eternas que van desde antes de que empiece el día hasta que el sol lo da por terminado. Sin embargo, no se plantea hacer otra cosa. Para él contemplar a su rebaño al final de la jornada es motivo suficiente para sentir que el día ha merecido la pena.

Conoce a Alberto Riba, ganadero de Valderrobres (Teruel).

Si Alberto tuviera que decir el instante exacto en el que se enamoró de la ganadería no podría hacerlo. No hubo un momento concreto. Simplemente, es algo que ha amado toda su vida. Hijo y nieto de ganadero, ha convivido con los campos y el rebaño durante sus 40 años de existencia. Entre risas, recuerda como ya desde crío estudiaba un poco para luego irse a hacer lo que realmente quería: estar con el ganado. Han pasado varios años desde estas escapadas y hoy Alberto se dedica a lo que considera su vida y su pasión.

Actualmente, recorre más de 600 hectáreas con sus 750 ovejas, pertenecientes a la raza ‘rasa aragonesa’. De este modo, contribuye a la producción de Ternasco de Aragón, un alimento que considera el “buque insignia” de esta región. “Al final tienes que hacer algo de calidad y si tenemos unos corderos con la calidad que tienen los de Aragón, hay que trabajar en ello al 100%”, señala
Y trabaja, bien sabe que trabaja. “En este oficio o madrugas o te faltan horas”, comenta. Por eso, suele iniciar su rutina a las 6.00h, durante la cual se apoya en sus ocho perros, de los que dice que trabajan tan bien como una persona. También cuenta con el apoyo de Grupo Pastores, cooperativa a la que pertenece desde los siete años por iniciativa de su padre. Confiesa que no ha conocido otra cosa y que tampoco se plantea cambiar:

Creo que el sector tiene que funcionar mediante una cooperativa porque así sabes que el dinero que ofreces sirve para construir algo nuestro, ya que se reinvierte en nosotros.

Una inversión que les ayuda a vivir haciendo lo que aman y a seguir dando vida a los 400 pueblos en los están presentes. Sabe que su oficio es duro y que, en ocasiones, implica jornadas eternas que van desde antes de que empiece el día hasta que el sol lo da por terminado. Sin embargo, no se plantea hacer otra cosa. Y es que para él contemplar a su rebaño al final de la jornada es motivo suficiente para sentir que el día ha merecido la pena.

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